Creamos experiencias de ocio. Si existen las encontramos y si no las inventamos.

La Fresneda, un pueblo mágico.

El Matarraña es una comarca que me encanta recorrer y descubrir.

Y La Fresneda uno de sus pueblos que más llama mi atención, será por que tiene algo de mágico. Fue declarado en 1983 Conjunto Histórico-Artistico, lo cual ya nos asegura antes de empezar de que vamos a disfrutar de nuestra visita. Por que de esto se trata ¿no?

La primera impresión que nos llevamos al acercarnos a La Fresneda, es que es un pueblo que vive plácidamente acurrucado en la ladera de una montaña que tiene forma de mesa o de altar.

Es la colina de Santa Barbara un lugar sagrado para las culturas prehistóricas y al que todavía hoy acuden numerosas personas a celebrar el solsticio de verano. Se puede subir por un sendero a modo de calvario, que nos llevará hacia un viaje singular que quizás nos permita alcanzar otra dimensión. ¿Quién sabe?

Cuando hayamos sentido el poder del lugar y nos decidamos a bajar, pasaremos por la iglesia parroquial del pueblo. Vale la pena visitar su interior. Hay una pequeña capilla donde se velaba a los difuntos con una ventana en forma de rosetón que se abría cuando alguien fallecía para permitir la salida de su alma.

Una tradición templaria. Otro toque de magia en La Fresneda. Al salir, y a modo de juego, podemos buscar en la fachada un curioso reloj solar.

A partir de aquí, nos dedicamos a descubrir el pueblo con tranquilidad, dejando que sean sus calles las que nos hagan de guía.

Podemos pasear por la Calle Mayor que nos llevará hasta la plaza del ayuntamiento. Esta calle tiene una particularidad. Cuenta con una bajocubierta con el techo de ese color azulete tan típico de esta comarca del Matarraña y que a mi tanto me gusta, y con un banco corrido de piedra que seguro que hacía fácil las tertulias en tiempos y aún hoy, de los vecinos.

Caminemos por aquí. La de conversaciones al abrigo de éstos bancos… ¿Las oís?

Ah! Pero todavía nos queda otra sorpresa en esta calle antes de llegar a la plaza. Se trata de la cárcel. Como en la mayoría de pueblos del Matarraña aquí también la hay. Pero en La Fresneda no hay una, si no dos. La de los ricos y la de los pobres. Vamos que lo de las castas no es de ahora…

Si vais bien de tiempo que seguro que sí,  no dejéis de entrar a verlas. Allí mismo encontrareis la Oficina de Turismo.

Soportales en la calle Mayor
La Carcel

Ya hemos llegado a la Plaza del Ayuntamiento, de estilo renacentista y con soportales donde se celebraban antaño las lonjas.

Su fachada está representada en el Pueblo Español de Barcelona.

Como nota curiosa, deciros que en su interior se rodaron varias escenas de la película “Libertarias” de Vicente Aranda en 1995. Puedo imaginar como fueron aquellos días para La Fresneda, un pueblo tan acostumbrado a la tranquilidad…

Por si todavía no tenéis claro, la magia que envuelve a este singular pueblo, o es que aun no la habéis notado, acercaros hasta la Calle de la Fantasma, cerca del Palacio de la Encomienda que, además de original nombre, tiene su propia leyenda de la que hay varias versiones.

La tradición oral cuenta, que allí vivió una mujer a la que su marido le fue infiel y que por eso ella murió de pena. Desde entonces su espíritu vaga todas las noches por esa calle.

Hay otra más divertida que dice que las mujeres de ésta calle, hartas de que sus maridos salieran de juerga todas las noches y volvieran con unos vinos de más, decidieron darles un buen susto. Así que se disfrazaron de fantasmas y los esperaron. Todavía siguen corriendo…

Calle de La Fantasma
Jardín del hotel Le Convent

Y ahora que ya nos hemos cargado de buenas vibraciones de magia y de leyendas, yo os dejo y podéis dedicaros a callejear por la Fresneda, un pueblo  de “altura”.

Da igual por donde, todo tiene su encanto. ahí esta la gracia, en ir subiendo unas calles para bajar por otras, Todos los rincones esconden algo.

Echadle un vistazo al Palacio de la Encomienda, sede del Maestre del Temple y de los Calatravos después y en donde podréis comprar una garrafa de un buen aceite de oliva del bajo aragón y también, si podéis entrar, ojead el jardín del hotel “Le Convent” que como reza su nombre es un antiguo convento reconvertido en cuyo patio hay un pozo fuente donde hacían sus ritos los templarios.

Como veis, la magia nos ha acompañado hasta el final…

¿Conocéis algún otro lugar “con magia”?

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